¿Está en crisis la Teoría Polivagal?

¿Está en crisis la Teoría Polivagal?

La popular teoría sobre el nervio vago, el trauma y las emociones enfrenta sus críticas científicas más duras. Esto es lo que está en juego. Millones de personas en todo el mundo han escuchado hablar de ella en terapia, en podcasts o en libros de autoayuda: la Teoría Polivagal promete explicar por qué nos bloqueamos ante el miedo, por qué nos cuesta conectar con los demás o por qué el trauma deja huella en el cuerpo. Pero un número creciente de neurocientíficos sostiene que sus bases biológicas son, en buena parte, incorrectas. ¿Quién tiene razón? ¿Y qué significa esto para quienes la usan en terapia?

Qué es la Teoría Polivagal

En 1994, el neurocientífico Stephen Porges propuso una idea aparentemente sencilla pero con grandes implicaciones: el sistema nervioso autónomo —ese que regula el corazón, la respiración y la digestión sin que pensemos en ello— no funciona con solo dos marchas (activación y calma), sino con tres.

Según Porges, esas tres marchas son evolutivamente antiguas, y se activan de forma jerárquica ante el peligro:

Las tres respuestas según la Teoría Polivagal

1. Conexión social — El estado más evolucionado, exclusivo de los mamíferos. Cuando nos sentimos seguros, el nervio vago "nuevo" (ventral) frena el corazón de manera regulada y facilita la comunicación y el vínculo.

2. Lucha o huida — Si hay peligro, el sistema simpático toma el control: el corazón se acelera, los músculos se tensan. Queremos atacar o escapar.

3. Inmovilización o colapso — Ante una amenaza extrema de la que no podemos escapar, un nervio vago "antiguo" (dorsal) produce un apagamiento: disociación, congelamiento, desmayo. La teoría lo asocia con respuestas traumáticas severas.

La clave del sistema es el nervio vago, que conecta el cerebro con casi todos los órganos del cuerpo. Porges argumentó que los mamíferos poseemos una versión más sofisticada de este nervio que los reptiles, lo que nos permite tener vida social compleja. Esta idea, atractiva e intuitiva, encontró rápido eco en la psicoterapia, especialmente en el tratamiento del trauma.

Por qué se volvió tan popular

La teoría llegó en el momento perfecto. A partir de los años 2000, la psicología del trauma buscaba marcos que explicaran por qué muchos pacientes no mejoraban con terapias puramente cognitivas. Conceptos como el trauma corporal, la memoria somática y el papel del sistema nervioso en la psicología ganaban terreno.

La teoría ofreció algo valioso: un lenguaje para explicar que las reacciones de los pacientes no son fallos morales ni elecciones conscientes, sino respuestas automáticas del sistema nervioso.

Giroux, Ahlers & Miawotoe, Journal of Psychiatry Reform, 2023

Términos como neurorecepción —la capacidad del sistema nervioso de detectar peligro sin que seamos conscientes de ello— o estado vagal ventral —ese de calma conectada— se colaron en el vocabulario de terapeutas, coaches y divulgadores. Miles de libros, podcasts y talleres adoptaron el marco polivagal para hablar de regulación emocional, crianza, relaciones y bienestar.

Para muchas personas, el lenguaje polivagal fue liberador: explicaba que congelarse ante el miedo no es cobardía, que disociarse ante el abuso no es locura, sino que el cuerpo hace lo que puede con los recursos que tiene. Ese mensaje tuvo —y sigue teniendo— un valor terapéutico real.

Las críticas científicas: ¿qué está mal?

El problema, según sus críticos, es que la teoría construye ese edificio útil sobre bases neurobiológicas que no se sostienen. Las objeciones son técnicas, pero se pueden resumir en tres grandes bloques:

1. El nervio vago no está dividido como Porges dice

La teoría descansa en la idea de que el vago ventral (en mamíferos) y el vago dorsal (más antiguo, compartido con reptiles) tienen funciones radicalmente distintas: uno nos conecta socialmente, el otro nos congela. Pero los neurocientíficos Neuhuber y Berthoud publicaron en 2022 una revisión anatómica detallada argumentando que esa división tan limpia no existe en la biología real. El control del ritmo cardíaco no funciona con dos canales separados y especializados como la teoría propone.

2. Los reptiles no son tan "primitivos" como se supone

La Teoría Polivagal asume que los reptiles son animales con sistemas nerviosos simples, sin vida social y con respuestas autónomas lentas. Sin embargo, investigaciones recientes en biología comparada muestran que muchos reptiles tienen conductas sociales complejas y sistemas cardiorrespiratorios más sofisticados de lo que Porges asumió. Esto debilita la historia evolutiva que justifica la jerarquía de los tres circuitos.

3. La medida principal de la teoría es cuestionable

La teoría usa la arritmia sinusal respiratoria (ASR) —las pequeñas variaciones del ritmo cardíaco vinculadas a la respiración— como termómetro del bienestar vagal. Pero Grossman, uno de los críticos más persistentes, lleva décadas argumentando que la ASR no mide lo que la teoría dice que mide. Usarla como índice del "tono vagal general" es, según él, un error conceptual de base.

El debate en síntesis

Los críticos señalan

  • La distinción anatómica entre vago dorsal y ventral no es tan clara ni exclusiva de mamíferos
  • Reptiles y otros vertebrados también tienen vida social y ASR, contradiciendo la historia evolutiva
  • La ASR no es un índice fiable del tono vagal global
  • La teoría es difícilmente falseable en algunos de sus postulados
  • Pocas intervenciones validadas con diseños experimentales rigurosos

Porges responde

  • Los críticos confunden anatomía con fisiología: no es el mismo plano de análisis
  • La teoría nunca afirmó exclusividad estructural, sino reorganización funcional
  • La ASR mide la influencia vagal ventral, no un tono vagal "global"
  • Las críticas atacan una versión distorsionada de la teoría
  • Hay evidencia empírica creciente en contextos clínicos específicos

En 2026, el debate alcanzó su punto más álgido: un artículo firmado por nada menos que 39 expertos internacionales en fisiología vagal, neuroanatomía y biología evolutiva declaró la teoría científicamente "insostenible". Porges respondió en el mismo número de la revista con una réplica extensa donde acusó a sus críticos de atacar una versión distorsionada de su trabajo.

¿Y la práctica clínica? ¿Hay que tirar todo?

Aquí es donde la conversación se vuelve más matizada —y más importante para quienes trabajan con personas.

Un error frecuente en las redes sociales fue interpretar el artículo de los 39 expertos como la "refutación definitiva" de todo lo polivagal: que los ejercicios de respiración no sirven, que el marco del trauma es una mentira, que hay que abandonar todo lo aprendido. Eso no es lo que dicen los datos.

El debate científico ataca los mecanismos neurológicos propuestos por la teoría, no sus aplicaciones clínicas. Que una explicación sea incorrecta no significa que los efectos que describe no existan.

McDonald, Psychology Today, 2026

Las intervenciones que se usan en terapia inspiradas en el marco polivagal —trabajo con la respiración, conciencia corporal, co-regulación, ejercicios de conexión social— funcionan, en la medida en que funcionan, por razones que probablemente tienen que ver con la regulación del sistema nervioso. Pero esa regulación puede explicarse también mediante otros marcos teóricos más establecidos: la neurociencia afectiva de Panksepp, la teoría del apego, los modelos de interoceptividad de Barrett o las explicaciones de exposición gradual.

Como señalan Giroux et al., la Teoría Polivagal puede ser "científicamente cuestionable pero útil en la práctica" —siempre que se use con honestidad y no se presente como una verdad biológica establecida.

Qué nos enseña este debate

Más allá de quién tenga razón sobre el nervio vago, este episodio ilustra algo fundamental sobre cómo funciona —y debe funcionar— la ciencia.

Primero: las teorías populares en psicología y psicoterapia a menudo viajan más rápido que la evidencia que las sustenta. La Teoría Polivagal pasó de hipótesis neurocientífica a dogma de autoayuda en poco más de una década, adoptada con una confianza que superaba lo que los datos justificaban.

Segundo: que algo "funcione en la práctica" no prueba que la explicación teórica sea correcta. Un medicamento puede aliviar el dolor aunque no entendamos exactamente cómo. Una técnica de respiración puede calmar el sistema nervioso aunque el mecanismo específico que la teoría propone sea erróneo.

Tercero: el debate científico, incluso cuando es duro y técnico, es exactamente lo que debe ocurrir. La teoría de Porges ha sido sometida a escrutinio por décadas, ha generado miles de publicaciones, ha obligado a neurocientíficos a mirar más de cerca la anatomía del nervio vago, y ha estimulado investigación comparativa sobre la evolución de los vertebrados. Eso es el método científico funcionando.

Lo que sabemos con razonable certeza

✔ El sistema nervioso autónomo tiene un papel central en la regulación emocional y las respuestas al estrés.

✔ El nervio vago es una estructura clave en la comunicación cerebro-cuerpo.

✔ La variabilidad del ritmo cardíaco se relaciona con estados psicológicos y bienestar.

✔ Intervenciones corporales (respiración, movimiento, co-regulación) tienen efectos reales en el estado emocional.

✗ Lo que no está establecido es que el mecanismo preciso sea

Para quienes utilizan marcos polivagales en terapia, la recomendación de la comunidad científica no es abandonar las herramientas que ayudan, sino usarlas con humildad epistémica: reconocer que son útiles, que su mecanismo exacto está en discusión, y que presentarlas como verdad biológica consolidada es un exceso que puede erosionar la credibilidad del campo.

Conclusión: vivir con la incertidumbre

La Teoría Polivagal no ha sido "destruida". Tampoco sale indemne del escrutinio científico de los últimos años. Lo que tenemos es una teoría influyente con un núcleo de ideas clínicas genuinamente útiles y un andamiaje neurobiológico que la ciencia sigue poniendo a prueba.

Para el público general, la lección práctica es sencilla: si una terapia o práctica te ayuda, eso es valioso. Pero el por qué te ayuda puede ser más complejo —y más interesante— de lo que cualquier teoría individual puede capturar. La biología del sistema nervioso humano llevará décadas más de investigación para entenderse en su plenitud.

Y mientras tanto, el debate entre Porges y sus críticos seguirá siendo, como debe ser, una conversación viva en las páginas de las revistas científicas. Eso, precisamente, es lo que hace que la ciencia sea digna de confianza.

Referencias principales

Grossman, P. M. (2023). Fundamental challenges and likely refutations of the five basic premises of the polyvagal theory. Biological Psychology, 180, 108589. PubMed

Grossman, P. et al. (2026). Why the polyvagal theory is untenable. An international expert evaluation. Clinical Neuropsychiatry, 23(1), 100–112. PMC

Neuhuber, W. L. & Berthoud, H. R. (2022). Functional anatomy of the vagus system: How does the polyvagal theory comply? Biological Psychology, 174, 108425. PubMed

Taylor, E. W., Wang, T. & Leite, C. A. (2022). An overview of the phylogeny of cardiorespiratory control in vertebrates with some reflections on the 'Polyvagal Theory'. Biological Psychology, 172, 108382.

Doody, J. S., Burghardt, G. M. & Dinets, V. (2023). The evolution of sociality and the polyvagal theory. Biological Psychology.

Porges, S. W. (2025). Polyvagal Theory: Current Status, Clinical Applications, and Future Directions. Clinical Neuropsychiatry, 22(3), 175–191. PMC

Porges, S. W. (2026). When a Critique Becomes Untenable: A Scholarly Response to Grossman et al. Clinical Neuropsychiatry, 23(1), 113–128. PMC

Giroux, C., Ahlers, D. & Miawotoe, A. (2023). Polyvagal Approaches: scientifically questionable but useful in practice. Journal of Psychiatry Reform, 10(11).

Kolacz, J. & Porges, S. W. (2025). Polyvagal theory: a journey from physiological observation to neural innervation and clinical insight. Frontiers in Behavioral Neuroscience. PMC

Artículo de divulgación científica · Basado en fuentes PubMed / PMC / Biological Psychology · 2026


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